viernes, 23 de julio de 2010

El Muro

Durante toda mi vida he intentado, sobre todo con las personas cercanas, derrumbar el muro de hipocresía que rodea a la gente, pero he fracasado sistemáticamente. Lo que siempre he hecho para mostrar mi buena fe y mi franqueza fue exponerme en primer lugar para que el otro viera que mi propuesta era real y que no ocultaba nada. Pero esto nunca sirvió, nunca, porque la gente prefiere aferrarse con uñas y dientes a sus secretos y su máscara en lugar de abrirse, aun cuando sabe que tiene en frente a alguien que no guarda cartas bajo la manga. Esto me ha ocurrido incluso (y sobre todo) con aquellas personas que más se quejaban de la falta de sinceridad y del engaño que habían sufrido. Uno podía pensar que su actitud era el resultado de la traición que habían sufrido, pero luego me di cuenta de que esto no era así. Esas personas que se quejaban tan vehementemente de la hipocresía que habían encontrado en un individuo determinado en realidad nunca habían jugado limpio. Lo único que les había ocurrido fue que el otro, que jugaba con las mismas reglas que ellas, las había (quizás) traicionado antes. Si uno verdaderamente está asqueado de determinadas actitudes humanas, la manera más clara y coherente de mostrarlo es no jugando con esas reglas que uno dice rechazar. El decir que, al actuar según esas reglas, uno se está cuidando es una mera excusa, ya que uno puede cuidarse sin que ello implique el engañar al otro y lastimarlo.

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