sábado, 14 de agosto de 2010

Ingenuidad

Pensando acerca del tema de la mi aparente "ingenuidad", recordé que ya en el secundario ciertas personas pensaban que era extremadamente ingenuo por hacer los planteos que hacía: parecería que quería cambiar el mundo, lo cual era (y es) imposible. También recordé cuál era mi respuesta y me di cuenta de que en este punto prácticamente no he cambiado: la razón de plantear ciertas cosas no era mi deseo de cambiar el mundo sino sólo no ser partícipe de lo que me repugnaba de él, no ser cómplice de lo que los demás hacían. Lo que quería era construir algo distinto para mí, una suerte de microcosmos en el que quedarían afuera las reglas según las cuales actúan las personas en nuestra sociedad.

martes, 10 de agosto de 2010

Incoherencia

Quisiera responder en parte a un comentario hecho por Maju en mi post anterior. Mi respuesta se relaciona con algo en lo que he pensado bastante últimamente: el principal problema que he encontrado en mi contacto con los demás es el abismo que existe entre lo que las personas piensan y el modo en que actúan. A pesar de que lo he visto durante toda mi vida, no deja de molestrarme profundamente cómo la gente se traiciona a sí misma, en el sentido de que no logran (o en el fondo no quieren) actuar en consonancia con sus propios pensamientos acerca de lo que deberían hacer. Se masifican y buscan la aceptación de los demás sólo para no ser marginados. Y esto, Maju, es lo que no tolero porque creo que es clave que haya coherencia entre nuestras acciones cotidianas y aquellos que creemos que sería lo adecuado para nosotros. Por lo tanto, no creo que sea irrelevante consumir las cosas que la sociedad busca imponernos, sino que es más bien una muestra clara de si somos capaces de resistir o si vamos a tranzar para evitar enfrentamientos con los demás.

lunes, 9 de agosto de 2010

Hartazgo

Soy de la opinión de que la gente tiene la libertad de elegir qué consumir y qué no, y si la mayoría decide consumir productos que considero una basura, hay que respetarlo. Pero este año comencé a hartarme demasiado de la masificación y la idiotización de la sociedad, no sólo aquí sino también en el resto del mundo. Los temas de conversación que uno escucha en la calle e incluso en el ámbito universitario son de una trivialidad y una decadencia insufribles. Y ni hablar de la televisión, por supuesto. Incluso la gente inteligente carece de profundidad. Tengo que sentirme feliz si logro tener una conversación relativamente profunda una vez por año. El resto del tiempo tengo que contentarme con mi introspección, lo que puedo llegar a decir en las clases y la lectura. Otra razón más para irme al carajo a vivir apartado del mundo.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Un hombre fiel

Hace un par de meses, mientras hablabla con Ariel, pasó una mujer que él había visto varias veces. Ariel está casado desde hace algunos años y tiene una hija adolescente y siempre tuve la impresión de que tiene la tendencia a hacer todo lo que su esposa le pide. Cuando pasó esa mujer frente a nosotros, Ariel me dijo con total franqueza y espontaneidad que ella le atraía, porque le parecía una mujer fina, y que le hubiese gustado tener dinero para poder mantener como amante a una mujer así. Aunque escuché este tipo de comentarios varias veces en mi vida, quedé sorprendido. Quizás su comentario me sorprendió porque siempre pensé que quería mucho a su mujer, y lo peor es que probablemente la quiere, pero eso no le impide desear de ese modo a otra mujer. Hace más de diez años me di cuenta de que cada persona quiere a su modo, y que lo que para un individuo puede ser incompatible con amor genuino, para otro puede ser totalmente compatible. Recuerdo el caso de un hombre que solía tener aventuras que su mujer le perdonaba sistemáticamente, hasta que un día se cansó y decidió dejarlo. El hombre tuvo entonces una fuerte crisis y perdió la visión en uno de sus ojos. Su mujer lo acompañó a diferentes médicos y finalmente se quedó a su lado. Yo solía pensar que este tipo de hombres no querían en serio a sus mujeres, pero luego me di cuenta de que las querían a su modo. Otro caso similar que ahora recuerdo me lo contaron cuando era chico. Se trata de un hombre que había sido abandonado por su mujer luego de varias infidelidades y que le había dicho a ésta que si lo abandonaba se iba a morir. Efectivamente, luego de que su mujer lo abandonó, terminó muriendo de un infarto en el departamento en el que se había ido a vivir solo. La quería tanto que terminó muriendo, pero para él su amor no era incompatible con su infidelidad.

martes, 3 de agosto de 2010

Busca y encontrarás

Es verdad que siempre estoy a la defensiva y en estado de alerta. Sin embargo, debo hacer dos observaciones. En primer lugar, eso no me impide abrirme y exponerme, con todo el tremendo riesgo que eso implica. En segundo lugar, todas las sospechas que he tenido en las relaciones cercanas que he mantenido fueron corroboradas. Si el otro miente y lo descubro, ¿es mi culpa? ¿El estar alerta crea la mentira del otro? ¿El otro miente porque estoy siempre atento? "Busca y encontrarás" cosas que ni siquiera te imaginabas. Pero la gente prefiere vivir en la mentira y hacer como si nada ocurriera. Yo no puedo hacerlo, no puedo mantener una relación durante meses o años sin saber a quién tengo en frente al menos en relación con las cuestiones fundamentales. La mayoría de las relaciones que he visto en mi vida fueron construidas sobre la arena. ¿Cómo se hace para resignarse a eso? ¿Cómo hace la gente para vivir de ese modo y estar relativamente satisfecha con lo que tiene, que no es más que una patética farsa?

sábado, 31 de julio de 2010

Exigencia

Es verdad que espero que el otro se sitúe en mi mismo nivel de sinceridad, y en esto seguramente me equivoco. Pero ¿no tengo derecho a exigir la misma sinceridad que ofrezco cuando el otro se beneficia de ella y cuenta con que seguiré siendo tan brutalmente sincero como lo he sido hasta el momento? Y sobre todo ¿no tengo derecho a exigir esa misma sinceridad de aquél que, al menos verbalmente, me pide ser tan salvajemente franco y me asegura que será tan sincero como yo? ¿Si yo debo hacerme cargo de abrirme y exponerme como tengo el hábito de hacer, el otro no debe hacerse cargo de sus palabras y de los "pactos" que celebra conmigo? ¿Por qué no tengo derecho a exigir lo que me exigen?

miércoles, 28 de julio de 2010

Terror

La convicción de que no se puede confiar en nadie es cada vez más fuerte y más aterradora. Supongo (en realidad, lo sé) que esto se debe a que hace no mucho entablé una relación con una persona que terminó confesando que había mentido en varias cosas. Yo nunca confié plenamente en nadie y, por lo tanto, tampoco confiaba en esta persona. Sin embargo, me jugué igual. Lo irónico es que esta persona todo el tiempo me decía que "tenía miedo" de que las personas la traicionaran o le fueran desleales, todo el tiempo me decía lo mismo para justificar los errores que cometía. Y yo estaba tan preocupado por demostrarle que yo no le haría lo mismo... tan preocupado por una persona que en realidad sabía que no estaba jugando limpio. La verdad que actué como un estúpido, pero no podía actuar de manera indiferente con ella: sentía algo por ella y no podía actuar como un hijo de puta especulador que no se interesa por lo que siente el otro. Terminé sacrificándome por lo que el otro necesitaba y tuve que pagar el precio otra vez.

martes, 27 de julio de 2010

Suicide

Sincerity is suicide when it comes to human relationships. I've been committing suicide for the past 18 years.

lunes, 26 de julio de 2010

¿Estoy Equivocado?

A veces me pregunto si mi visión de que la hipocresía humana contamina toda relación es errónea. Mientras pensaba en esto ayer, recordé (y busqué) algo que me había escrito una persona hace varias semanas cuando discutíamos sobre este tema: "dentro de nuestra hipocresia, todos nos mentimos diciendo q nos queremos, q somos mejores amigos etc etc.. nos mentimos mutuamente...". La persona en cuestión me reconoció esto luego de haberme hablado varias veces de sus mejores amigas con las cuales supuestamente compartía todo y con las cuales mantenía una relación de mutua lealtad. Algunas personas finalmente han terminado reconociendo que mi visión de las relaciones humanas es correcta; la diferencia radica en que también han reconocido que prefieren seguir jugando ese juego de máscaras a admitirlo abiertamente o a quedarse solas. Me gustaría poder vivir así, pero no puedo. Me pregunto por qué no me es posible vivir de ese modo.

domingo, 25 de julio de 2010

Harto

Estoy harto de pedir perdón por tener razón. Harto de que esperen que pida perdón por descubrir una mentira que me dijeron. Harto de las caras y palabras de indignación producidas, no por haber hecho algo incorrecto en sentido estricto, sino por haber descubierto la hipocresía y decirlo en voz alta. Digo "incorrecto en sentido estricto" porque decir en voz alta lo que el otro y yo sabemos es algo incorrecto de acuerdo con las reglas no escritas de las relaciones sociales. Recuerdo algo que ocurrió con una mujer con la que mantuve una breve relación: descubrí que mentía respecto de un tema específico porque detecté que había dicho, en espacio de diez días, dos cosas distintas respecto de dicho tema. Fiel a mi naturaleza brutalmente franca, la confronté y se lo dije. ¿Cuál fue su reacción? Primero, negar que hubiera mentido y, luego, ofuscarse y ofenderse y decirme "olvidate de mí, me cansaste, no me llames más, no me escribas más". Finalmente, la muy turra aceptó que me había mentido, después de haberse supuestamente "indignado" porque yo estaba inventándole una mentira (recuerdo que me decía indignada "¡¿de qué mentira me estás hablando?!). Lo más gracioso, por decirlo así, es que ella decía querer estar conmigo y jugársela por la relación y que lo único que quería es que estuviéramos bien. Sin embargo, me pidió que me olvidara de ella y que no le escribiera más, no porque se hubiese dado cuenta de que yo era una persona falsa o desleal, sino sólo porque le descubrí una mentira que había dicho (y luego terminaría descubriéndole otras mucho más graves). Entonces, a pesar de que quería estar conmigo, ella prefería que me alejara a reconocer su estúpida mentira. Sabía que, al jugar limpio, yo la aceptaría y la respetaría, pero su incomprensible adhesión al engaño era más fuerte. Descubrí este patrón de conducta en tantas personas... al menos en todas aquellas que he conocido más de cerca. ¿Qué mierda es esto? ¿Soy el único cuerdo que se da cuenta de ello y le molesta o más bien el único loco que lo nota y no puede tolerarlo?

sábado, 24 de julio de 2010

Fracaso

Miro hacia atrás y me doy cuenta de que nada de lo que hice por los demás y nada de lo que di de mí a otros sirvió para nada. Ninguna de mis pocas virtudes y ninguno de mis aciertos me ha conducido a alguna parte. Toda mi lealtad incondicional y todo mi apoyo hacia los demás han sido vanos y han perecido sin dejar rastro alguno. Tanto esfuerzo, tanta paciencia, tanta sinceridad, tanta comprensión, tantas conversaciones malgastados. Llegué hasta aquí sin haber llegado a ningún lado, y ¿cómo recomenzar cuando uno ya está agotado? Sé que no quiero lo que tienen los demás, porque quiero algo genuino, no la repulsiva resignación a relaciones parciales, hipócritas, desleales. Todos mis intentos han sido vanos, todos los riesgos corridos los he pagado. Ya no tengo más palabras, más argumentos, más gestos que aquellos que han fracasado reiteradamente. Tanta claridad y tanta capacidad para comprender el modo en que piensan y actúan los demás no me han servido para lograr nada, absolutamente nada. Qué resignada e inmutable sensación de fracaso...

viernes, 23 de julio de 2010

El Muro

Durante toda mi vida he intentado, sobre todo con las personas cercanas, derrumbar el muro de hipocresía que rodea a la gente, pero he fracasado sistemáticamente. Lo que siempre he hecho para mostrar mi buena fe y mi franqueza fue exponerme en primer lugar para que el otro viera que mi propuesta era real y que no ocultaba nada. Pero esto nunca sirvió, nunca, porque la gente prefiere aferrarse con uñas y dientes a sus secretos y su máscara en lugar de abrirse, aun cuando sabe que tiene en frente a alguien que no guarda cartas bajo la manga. Esto me ha ocurrido incluso (y sobre todo) con aquellas personas que más se quejaban de la falta de sinceridad y del engaño que habían sufrido. Uno podía pensar que su actitud era el resultado de la traición que habían sufrido, pero luego me di cuenta de que esto no era así. Esas personas que se quejaban tan vehementemente de la hipocresía que habían encontrado en un individuo determinado en realidad nunca habían jugado limpio. Lo único que les había ocurrido fue que el otro, que jugaba con las mismas reglas que ellas, las había (quizás) traicionado antes. Si uno verdaderamente está asqueado de determinadas actitudes humanas, la manera más clara y coherente de mostrarlo es no jugando con esas reglas que uno dice rechazar. El decir que, al actuar según esas reglas, uno se está cuidando es una mera excusa, ya que uno puede cuidarse sin que ello implique el engañar al otro y lastimarlo.

martes, 20 de julio de 2010

El Juego

Lo primero sobre lo que quiero escribir - y que constituye el núcleo sobre el que seguiré escribiendo - es el maldito juego de máscaras que me horrorizó por primera vez a los quince años y que hoy en día todavía me prohibe relacionarme "adecuadamente" con la gente. Recuerdo una imagen que tuve en aquella época cuando creí descubrir el modo en que nos relacionamos socialmente. La imagen podría ser descripta de esta manera:

"Todos estamos en una isla usando máscaras y desempeñando distintos papeles en una gran obra de teatro. Todos sabemos que estamos actuando, de modo que cada uno de nosotros sabe que lo que el otro dice es falso. Sin embargo, hay una sola prohición que rige en la isla: nadie debe decir en voz alta que se trata de un juego o un teatro, aun cuando todos lo sepamos. El castigo para el que lo diga es ser atacado y marginado. Además, nadie va a reconocer al que viole esa prohibición que lo que dice es verdad, sino que van a negarle una y otra vez que se trata de una gran mentira y van a tratarlo como si fuera un loco."

Volví a sentir esta sensación una y otra vez durante años, no sólo cada vez que me relacioné con gente de manera más íntima sino también cada vez que he observado el modo en que la gente se relaciona, incluso en el caso de aquellas relaciones que supuestamente presuponen total confianza y absoluta franqueza. Lo que actualmente sigue asombrándome es no comprender cómo las personas logran estar satisfechas o soportar tener ese tipo de relaciones. Sé que prefieren eso a estar solos o a revelar sus secretos, debilidades y defectos, pero incluso sabiéndolo no logro entender cómo prefieren tener ese tipo de relaciones a estar solos. Si en ese tipo de relaciones uno está en realidad solo, ¿qué sentido tiene tenerlas? ¿Por qué no demostrar exteriormente (estando solo) lo que sentimos en nuestro interior?

Inicio

En este blog pretendo publicar, fundamentalmente en español, algunos pensamientos que he tenido desde mi adolescencia y durante los últimos quince años. Se trata de pensamientos sobre las relaciones humanas - sobre la hipocresía y el engaño que parecen subyacer a cualquier relación entre las personas. Se trata de temas que me han perturbado desde mi adolescencia y que han marcado la manera peculiar en la que me relaciono con las personas. Quizás alguien encuentre alguna similitud con su propia vida o logre comprender parte de lo que quiero expresar.